Betiereko Iluntze

Traveling lands, chasing hearts, making friends, living life…

Vamo’ pal norte euskera.

Al sobrar 6 viajes de mi Spain Pass, decidí aprovechar e viajar al norte, al Pais Vasco principalmente. Lo tenía que hacer rápido, solo tenia validez por un mes. Pero entre mi cumpleaños, mi fiesta sorpresa de cumpleaños y la visita sorpresa también de mi ¿ex? pesadilla, tuve que retrasar el viaje. Estaba a dos semana del vencimiento cuando pude viajar.

Me tomé 4 días y queria hacer: Donosti, Bilbao, Santander y Burgos. Esta vez muy decidida a viajar sola, acompañada de un muy buen libro y con pocas ganas de hacer sociales.

Llegar a San Sebastian (Donosti) me llevo una vida. Los trenes que van directo, siempre me los pierdo. Mi vida se empecina de que me tome mas tiempo en viajar, que pasar estadía en el trayecto final. Es decir, me quiere reconfirmar que lo que importa es el trayecto, no el destino. Literalmente.

Entre tren+bus+bus+horas esperando bus y leyendo+bus, llegué al fin a San Sebastián. Todo el viaje es un encanto de paisaje, y cuando bajás ya del bus, una ola de aroma a pino le da una cachetada a tu sentido de olfato. Olorgasmico.

Mi caminata hasta el hostel “Surf Backpackers” fue una cadena de pelotazos. Literal, nuevamente. Yo caminaba, y me llovían pelotas por delante. Es como si todos los niños de Donosti se hayan puesto deacuerdo en tirar pelotas en mi camino, y yo se los iba alcanzando. Luego entré a comprar provisiones, queso. En el mercado habían unas niñas, pidiéndome por favor que les compre alcohol ya que ellas eran menores. Claramente, como una adulta responsable …. me hice pasar por extranjera e hice como que no entendía.
Al fin llegué al hostel. Después de EasyNerja esto para mi era una mansión, por más que tenga capacidad para 16 personas aproximadamente.

Esa noche me acosté temprano para rendir al día siguiente e irme a Bilbao después de recorrer la ciudad. Mientras estoy tratando de dormir, escucho que la recepcionista, Gloria, que le dice a un tal Ben, si quería un sándwich. Pensé en levantarme y asegurarme que no se iban a comer MI queso, ya que es lo único que podés hacer para enojar a Vik, salvo que haga frío, mucho frío…. o bueno, demasiado calor. Esas cosas me irritan con facilidad. Pero me dió fiaca, además ya había puesto mi nombre al queso. No creí que alguien lo iba a tocar.
A la mañana, abro la heladera y no está, el queso NO ESTÁ. Sorprendentemente, pasé página. No hubo una masacre, aunque Gloria, la recepcionista, me ayudó a buscarlo.  Yo había decidido llegar hasta las últimas consecuencias para averiguar quién se lo había comido. Era una escena del crimen, y yo era CSI.
Recorriendo Doností, decidí quedarme una noche más, había mucho para ver. Además, esa chica me había caído bastante bien, y en el hostel habíamos hecho un lindo grupo. Esa noche nos la pasamos en la playa, con mucha arena en nuestras caras, ya que ese era el deseo de Ben.

Yo aproveche el momento, en el que estaban todos bastante pasados de cerveza, para averiguar la verdad. Ben, terminó confesando que él, y Gloría se habían comido mi queso. Misión cumplida.
Ya había reservado billete para irme a Bilbao, pero como era de esperarse, no fui. Realmente era muy feliz estando en la playa con Gloria todo el día, cada tanto vigilando para que no se ahogara Ben. Era raro que  desease estar en la playa, pero Doností tiene algo especial, aunque más especial lo hace las personas que conocí. Ya no era turista, era local, me sentía local. Si no fuese porque tenía que venir mi pesadilla de Amsterdam, me huebiese quedado más días, pero volví.
No me llevó ni 10 días, que un viernes, a las 18hs decidí irme a San Sebastián nuevamente. La forma en la que hice el último tramo, lo borré de mi memoria. Llegué a las 2am y Gloria me estaba esperando en la playa. Pasé unos días nuevamente allá. Ese hostel ya se había convertido en mi casa, y se sabe el cariño que tengo por esas cosas. No me quería ir.
Donosti es hermoso, pero más hermoso es la amistad que hice. Permití apegarme a las personas, quizás porque en el fondo, ella, me hace acodar a ELLA. Que inconsciente traicionero tengo.
Desde que bajé del aquel bus, algo instantáneamente me hizo sentir como en casa, local desde el primer momento. Se dice por ahí que cuando un armenio llega a Euskadi, las paredes le hablan, y quizás sea verdad. Yo ya no sé que nacionalidad tengo, pero lo que sí sé, es qué mi historia con Euskal Herria recién empieza.

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*Contar en persona: La cuchara y la señora del vestido de mantel a las 3am.

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