What’s your story Backpacker?

El hecho de haber adquirido buenos tripmates este último tiempo, hizo que me desacostumbrase a viajar sola. Evitaba tener esa conversación entre mi Frenesí y mi Sosiego, hasta evité viajes. Es bueno tener tripmates con los que te sientas a gusto, pero es muy importante no perder la costumbre de viajar consigo mismo.

Después de un año por Europa y su “livin’ la vida loca”, Alexís, mi amigo de “3 no fueron multitud” elige España como su último destino antes de volverse a casa. Como se quedaba en mi casa durante su estadía en Barcelona, me vi tentada y finalmente decidí acompañarlo en algunos destinos, y asi conocer Andalucía.

Compré 8 viajes en el “Spain Pass” (ver al final), y me fuí a Sevilla. Ese era el primer destino acordado, el resto todavía no sabíamos. Con Alexis nos encontramos en un hostel, el Sevilla Inn. Muy friendly, cómodo, grande y céntrico. Tenía todo a favor, y como si eso fuese poco, estaba sobrepoblado de Argentinos, hecho del que no estoy segura si forma parte del “todo a favor”. Además, mis compañeros de habitación, resultaron ser amigos de otros chicos que conocí un tiempo atrás en el “Che Pampa’s” de Rosario. Que mundo tan chico, y todos de La Plata. Los platenses están colonizando Europa, recuerden eso.

Sevilla me gustó, para no volver más. Muy lindo, pero no es un destino que repetiría. Y no sólo por su mortal humedad.

Desperdicié 2 noches ahí. Acordamos con Alexis primero pasar por Ronda, para ver el puente y mas tarde por Nerja, para pasar la noche (sitio que encontré gracias a Google Maps, donde buscaba un lugar costero, poco conocido y rodeado de naturaleza, y voilà), teniendo como destino final, Granada.

Ronda estuvo fantástica. 3 horas fueron más que suficientes a un ritmo acelerado. Llegamos a Nerja ya por la noche. El único hostel que había, no tenía disponibilidad, así que nos alquilaron una habitación en la casa de una señora X. Hubo una batalla mortal por la cama matrimonial, pero como perdí yo, tuve que dormir en la cama single. Se llevó toda la comodidad el caradura.

Nerja me flechó. Es un sitio que volvería con todo gusto a pasar una semana, no más. Pasamos horas en la playa esa noche. Si no fuese por mi fobia, hasta hubiese dormido ahí. Pero el mar estaba violento, aunque hiciera buen tiempo. Al día siguiente teníamos que dirigirnos a Granada. Después de desayunar y recorrer un poco el pueblo, era la hora de partir hacía Granada, pero solo Alexis se subió al bus. Yo decidí quedarme una noche más. Fui al hostel y le rogué al dueño (era Argentino también) que me tirase un colchón en algún sitio, ya que todos los demás lugares estaban a tope. Nadie tenía una habitación! El universo conspiró y él se dio cuenta que había cometido un error en una reserva y entonces le quedaba cama libre. Eureka!

El hostel era para ser olvidado. Aunque quedaba a una cuadra de la playa, y tenía una vista espectacular desde la terraza. Como he dormido en cada sitio impresentable y solo necesito una almohada para ser feliz, esto no era nada fuera de lo común, pero tenía tan solo 2 habitaciones, en las cuales solo entraban 2 camas cucheta, y la cocina estaba también dentro del dormitorio. La recepcionista era lo más desagradable que podía existir, además. Pero no podía pedir mucho, ya que el hostel (EasyNerja) era nuevo, es más, era su 5to día de apertura y la chica era una huesped (ARGENTINA) que intercambiaba su estadía por trabajo. No se podía exigir nada por ambas circunstancias.

Con la llegada de otros backpackers, logramos hacer un grupo inolvidable. Al juntarnos en la terraza, la primer frase que se dijo fue: What’s your story? Respondiendo esa pregunta nos pasamos toda la noche. Bueno, entre algunas anécdotas con la Absenta de graduación 80º a 6 euros. Con eso digo todo, aunque no fui yo la damnificada. Fue una de las noches más interesantes de estos últimos tiempos. Ante la mesa habían 2 estadounidenses (de 18 y 22 años), una fémina de 29 y un varón de 36, ambos de Inglaterra, y una Danesa de 21. Por nada del mundo me esperaba una madurez y una forma de pensar tan, a mi punto de vista, acertada como la de los jóvenes estadounidenses. Puedo llegar a decir que hasta los admiro. Cada uno de estos trotamundos tenía una historia increíble. Sus dudas, sus temores, sus sacrificios, sus logros, sus metas. Nada de eso iba acorde a su edad. Me sentí muy identificada. Algunos llevaban una forma de vida a la que estoy apuntando yo, otros están en la misma situación por la que pase hace unos años atrás, y otros, que tuvieron mis mismas inquietudes, pero que todavía no se animan a dar un paso. Todo backpacker pasa por casi las mismas etapas. Lo que todos compartíamos esa noche, lo que todos teníamos en común, era nuestra pasión por la vida y por el mundo. No digo que otros no lo tengan, ¿a quién no le gusta viajar? A lo que me refiero es que varios cambiamos nuestras prioridades, sacrificamos algunas cosas para anteponer pasiones. Lo más triste es que algunos ni siquiera saben qué es lo que los apasiona. Otros ponen excusas monetarias. El viajero no es ningún adinerado, simplemente aprende a administrar su dinero en plan supervivencia, dependiendo del tiempo y frecuencia con la que viaja. Tu vida cambia cuando todo el mundo material que te rodea empieza a cotizar en “no me compro esto, ya que con ese dinero me pago una noche en un hostel y puedo comer 2 días”. Me acuerdo de muchos amigos de Argentina que no podían viajar a algunos sitios por su situación económica, cuando los fines de semana se gastaban fortuna en alcohol y entradas a discotecas. Esos eran sus prioridades, los míos al descubrir Cumbrecita empezaron a cotizar en “un pasaje en bus y comida”. El que quiere, se las ingenia de alguna forma. Pero poner excusas es más fácil. Siempre lo es. A veces también puede ser temor, lo que es comprensible. Pero mi humilde consejo es que se animen, el que lo hizo, no se arrepintió. No solo animarse a viajar, solo o acompañado; sino en todo. Animarse a vivir. Lamentablemente uno se da cuenta de esto cuando llega a ciertos limites de la vida. En parte mi peor infierno llevo a que me anime a vivir.
Aprendí muchísimo esa noche, viví 5 vidas totalmente distintas en esa terraza.

Como era bastante obvio, decidí quedarme otra noche más, le avise a Alexis que nos reencontraríamos en Barcelona pero que necesitaba quedarme un día más. Nerja tenía mucho que ofrecerme, no podía desperdiciar esa oportunidad. Granada siempre estuvo, podrá esperar unos meses. Además, según dijo Alexis, yo le traía mala suerte:

Parte de esa noche aproveche para estar conmigo misma, y con mis ideas. Más que nada quería enfrentar a unas pocas cosas que temo: el mar, mi fobia. Me senté a observar como éste se golpeaba violentamente contra las rocas. Quería tratar de comprenderlo. Fui a la parte más agresiva, ya que si aprendía a amarlo en su frenesí, de seguro lo amaría en su pasividad obligada.

Para apaciguar un poco la taquicardia, con un auricular escuchaba el “Canon” y con el otro, a mi incomprendido compañero de vida. Fueron 50 minutos de pánico, adrenalina, temblor, ahogo, una memoria nublada. El mar se golpeaba contra lo más sólido, con un tono de reproche, erosionándolo. dañandolo. Me hizo acordar a algunas personas, que de la misma forma que el mar, engañosamente ofrecen a la orilla todo lo que llevan en su interior. Aunque luego, sin siquiera dudar un instante, arrasan hacia sus entrañas la ofrenda, dejando con cada paso, más y más dañado al sólido. Acaso podría amar algo semejante? A ese monstruo que deshace hasta al más fuerte, al milenario.

Admiro a los que encuentran el paraíso en él, pero para mí, dentro del mar se encuentra el infierno; mientras que el paraíso, en lo más alto de la montaña, sobre un suelo firme. Yo soy ese sólido fuerte al que deshace el mar. Pero para encontrar un equilibrio y bienestar en la vida, debo aprender amar esos extremos. Enfrentarlo, para poder estar ante su presencia sin perder mi paz. Nunca estaré completa si no lo logro, me faltará esa inmensa parte que ignoro y temo. El temor paraliza, te estanca y no hay algo peor que eso.

Muchos de nosotros hemos, o estamos nadando contracorriente, contra-natura. Formo parte de ese montón. Me intriga saber hasta dónde me llevará esa lucha, ¿cuál es el límite? Lucho con todas mis fuerzas contra algunas características impuestas por la madre naturaleza, por la evolución, por el sentido de supervivencia y procreación, pero sobre todo, por tener ese segundo cromosoma X. Pero aun siendo tan emocionalmente mujer, tengo la suerte de manejar algunos de mis emociones, pero todavía no aprendí a equilibrarlo. No sé qué es lo que quiero para mi vida, pero estoy segura lo que no quiero: la necesidad-emocional-evolutiva, no la acepto. Tomé una decisión, no es lo que quiero, pero es lo que debo. Y como efecto dominó, al no procrear, tampoco tengo la necesidad de vincularme sentimentalmente con alguien y menos con esa corrección moral. Mientras soy joven, compartiré momentos, y más si me aparecen en el camino casos de esa minoría que busco. Pero algunas personas nacimos para estar solas, y más si somos envases con fecha de vencimiento próximo.

Aun así, nos apegamos. Nos apegamos a lugares, a momentos, a personas y a sus historias. Es un apego diferente, es un apego por compartir momentos, no a poseerlos. Es un apego sano, es un apego menos egoísta. Detrás de cada viaje, detrás de cada lugar y de cada mochila hay una historia, una historia maestra.

(Borrado) todos estamos en la misma sintonía prácticamente. Y cuando decides a no formar una familia, qué es lo que te impide a vivir de esta forma?

La FM me cambió la vida, siempre pensé que me la arruinó, pero si no fuese por ello, jamás hubiese ido en busca de una Cumbrecita, jamás me hubiese replanteado mis prioridades, intereses o lo que quería para mi vida. Algo que todos tememos hacer; replantear. Sin la Fm tampoco  hubiese tenido las agallas de dejar la carrera o el hospital, por orgullo propio. Pero no me quedó otra opción y fue la correcta. El cuerpo te da señales constantemente, hay que saber escucharlos, sin llegar al extremo de que te deje paralizado.

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*TIP
– Además del Eurail, en España tenes la posibilidad de comprar un pase para los trenes AVE a precio espectacular. Se llama “Spain Pass” y no tenes que abonar nada más, salvo que quieras servicio VIP. Para el resto de los viajes, el de cercanías, no abonas nada. Eso sí, tiene una validez de tan solo 1 mes.  (Únicamente para los no residentes)

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